viernes, 21 de octubre de 2011

"San Juan Bautista", de Leonardo Da Vinci

Bienvenidos una semana más a la sección de Historia del Arte. Hoy nos volvemos a ir al mundo de la pintura, pero antes quisiera seguir agradeciendo a todas aquellas personas que nos visitan que nos den fuerzas para seguir adelante, porque como ya he dicho otras veces, éste es un proyecto muy duro que, además, tenemos que compaginar con los estudios. También quisiera agradecer su apoyo a mis chicas, Triny y Patri, del canal de YouTube “Patry & Triny Make up!”, cuyo enlace podéis encontrar en nuestro blog.

Y centrándonos ahora en el reportaje que hoy nos ocupa, vamos a hablar sobre un pintor que, sin duda alguna, va a darnos mucho juego en cada reportaje de esta sección, pues fue un artista polifacético que dominó todo el mundo del arte en general; ni más ni menos que el “todopoderoso” Leonardo Da Vinci.

A diferencia de otros reportajes no vamos a hablar mucho sobre Leonardo, pues su persona y su vida darían para un reportaje entero sobre él, y de eso ya se encargará mi compañero José Ignacio en la sección de Historia. No obstante, hay algunos aspectos que hay que resaltar sobre él antes de ponernos a describir la obra que nos toca hoy.

Se cree (no sé si está confirmado) que Leonardo era masón, una sociedad secreta de la que formaban parte las personas más influyentes del mundo, y sobre la que habréis oído hablar mucho si os interesa Dan Brown y los temas que él trata. Como buen masón, su conocimiento sobre temas que escapan a nuestra percepción era absolutamente apabullante, y dejó constancia de ello en sus obras, tales como La Virgen de las rocas y La última cena, así como la obra que vamos a tratar hoy, San Juan Bautista.

Formalmente, debemos decir que es una pintura al óleo sobre tabla, cuyas dimensiones son de 69 x 57 cm y que, actualmente, se conserva en el Museo del Louvre de París.

Representa a Juan el Bautista en la soledad del desierto. Está representado de medio cuerpo, una variación sobre el tema de la figura construida clásica y monumentalmente en el espacio en directa sugestión de los modelos de la estatuaria antigua.
San Juan viste pieles, tiene largo pelo rizado. Sostiene una cruz de junco en su mano izquierda mientras que la derecha apunta hacia el cielo. Se cree que la cruz y las pieles se añadieron más adelante por otro pintor. La figura está envuelta en una mórbida sombra. Mientras que el tronco tiene una cierta solidez y fuerza, el rostro y la expresión tienen una delicadeza y misteriosa suavidad que parecen contradecir la personalidad de Juan, el intransigente y abstemio predicador en el desierto, como lo describe la Biblia. Puede ser que haya escogido retratar al santo en el momento de bautizar a Jesucristo, el momento en el que el Espíritu Santo desciende sobre Jesús en forma de paloma. La expresión del rostro, lánguida y ambigua, es típica de las últimas obras de Leonardo. La mirada es estrábica, pues muestra la embriaguez de amor (Baco); el índice señala hacia el cielo, pues el Amor solo se completa en Dios, según enseña Platón.

Algunos han indicado, igualmente, que la apariencia de san Juan es andrógina o hermafrodita, una teoría apoyada por un esbozo de Leonardo conocido como "El ángel encarnado", y el Salvator Mundi.

El gesto de señalar al cielo sugiere la importancia de la salvación a través del bautismo que san Juan representa. La obra es a menudo repetida por otros pintores posteriores, especialmente aquellos de las escuelas del renacimiento tardío y el manierismo. La inclusión de un gesto similar al de Juan incrementaría la importancia de una obra con un sentido religioso.

Sin embargo, en ese dedo que señala al cielo hay algo más. Da Vinci nos quiere decir algo, aparte de lo ya dicho sobre el sentido religioso. Leonardo creía que el primer ser humano en bautizarse no fue Jesús, sino el propio Juan Bautista, por lo que el pintor italiano lo identifica con el verdadero mesías, el enviado de Dios. Y esto es algo que se repite mucho en la iconografía davinciana, pues en La Virgen de las rocas se repite el mismo gesto de señalar, en este caso a un niño que se halla en actitud orante, que presumiblemente se cree que puede ser, de nuevo, San Juan Bautista.

Como no soy un experto del tema (de hecho, he necesitado la ayuda de José Ignacio para terminar este reportaje, al cual le doy las gracias) digo lo de siempre: el arte es muy subjetivo, así que saquen sus propias conclusiones, aunque lo que sí es cierto y objetivo es que este cuadro es una de las grandes obras misteriosas de uno de los pintores más grandes de todos los tiempos, Leonardo Da Vinci.

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