viernes, 27 de enero de 2012

"Primavera", de Vivaldi

Hoy, en la sección de Música, nos vamos hacia el siglo XVIII. Sí, nos vamos a la época clasicista para disfrutar de una de las composiciones más famosas de este estilo musical: La Primavera, dentro de "Las cuatro estaciones" del compositor Vivaldi. Antes de comenzar, gracias a http://aam.blogcindario.com por la información.

El fenómeno de las estaciones encierra un especial valor musical porque es modelo de variedad en la unidad, constituye un ritmo y ofrece muchas posibilidades onomatopéyicas. Es lógico, pues, que haya tentado a los compositores de todas las épocas y haya sido uno de los primeros temas iniciadores de la música de programa. Sin embargo, esta obra de Vivaldi no puede ser calificada hoy de música descriptiva propiamente dicha, si bien lo que ahora nos parece de una total ortodoxia clásica en su época (principios del siglo XVIII) fue calificado de "atrevidísimas y simplistas imitaciones de cantos de pájaros, disparos de escopeta y retumbar de truenos, muy poco musicales e indignas de un artista inspirado". Un análisis posterior define esta obra como estrictamente subordinada a la forma 'Concerto' y como música pura que se asoma tímidamente a las posibilidades de plan literario.

Durante casi dos siglos permaneció su producción en el olvido. pero desde hace unos cincuenta años su música ha sido elevada a los más altos estadios de la creación artística. Todavía hoy es muy frecuente que los infatigables musicólogos nos sorprendan con un nuevo hallazgo: un concierto, una ópera de Vivaldi desconocidos hasta nuestros días.

Vivaldi fue un hombre singular sin duda, que siendo clérigo no ejerció como tal, nunca sabremos si porque realmente estaba enfermo como él apuntaba en sus frecuentes excusas, o porque no le satisfacían las obligaciones que la vida religiosa le imponía.

Un hombre denostado por unos (con frecuencia por los propios músicos, como Ígor Stravinski); admirado por otros (los más); innovador en el plano musical como pocas personas de su tiempo. Como maestro de capilla en el 'Pio Ospedale della Pietà', tuvo a su cargo, durante prácticamente la totalidad de su vida, una orquesta de jóvenes muchachas (figlie di coro) que despertó la admiración de cuantos visitaron la mágica y cosmopolita Venecia del XVIII, cuidad en la que la vida musical era tanta, que un talento excepcional como el del Prete Rosso (Cura pelirrojo) hubo de batirse con firmeza para que su producción tuviese el eco que realmente merecía.

Hoy pueden atribuirse a Vivaldi cerca de setecientas cincuenta obras, no solo conciertos, sino toda clase de géneros musicales, tanto vocales como instrumentales.

Dedicada al conde Wenceslao de Morzin, la primera audición de 'Las Cuatro Estaciones' tuvo lugar en París el año 1728, ante Luis XV. Como se ha citado, dicha obra, escrita para violín solo y orquesta de cuerda, forma parte de una de las colecciones de conciertos que nos dejó el compositor. La estructura de estos conciertos es la característica del concierto barroco (Allegro - Adagio - Allegro) permite comprobar el magisterio de Vivaldi en la combinación de los pasajes melódicos del solo con la estructura orquestal acompañante. Muchos de estos conciertos fueron interpretados en la parte del solista por el propio Vivaldi o por las componentes del Ospedale della Pietà, en cuya orquesta se establecía un escalafón de categorías que iba desde la "maestra di coro" a las pupilas o educandas.

En “Las Cuatro Estaciones”, Vivaldi da sobradas muestras de su maestría descriptiva, aplicando a cada uno de sus conciertos un soneto (Sonetto dimostrativo) que describe puntualmente todo lo que en la música acontece. Estamos pues ante un claro ejemplo de música programática. Este soneto actúa como "programa" y la música, en todas sus partes, va describiendo los diferentes afectos, situaciones y descripciones que el texto expone.
La mitad de las obras de "Il Cimento dell'Armonia e dell'Invenzione" son también programáticas. Quizá esta característica hizo que tuviesen una especial acogida, especialmente en Francia. La Primavera, de la que se cuenta que en Noviembre de 1730 el propio rey de Francia ordenó una interpretación improvisada, para la que se formó una orquesta en la que participaron incluso, algunos nobles, ha sido objeto de numerosos arreglos, de los cuales destaca M. Talbot, el "Laudatte Dominum de Coelis" de Michael Corrette (1765) y una versión para flauta sin acompañamiento de Jean Jacques Rousseau (1765).

En 'Las Cuatro Estaciones' aparecen muchas de las innovaciones musicales debidas a Vivaldi. Una de las más espectaculares fue la supresión del bajo, encargándole este cometido a las cuerdas superiores, como violas o violines segundos. Son también notables los pares de acompañamiento al unísono, o las indicaciones a pie de pentagrama, como el pasaje del pastor dormido al lado de su perro, en la Primavera, en el que indica a las violas que deben tocar "sempre forte y strapatto", para imitar al ladrido persistente y molesto del perro.
Como cada uno de los cuatro conciertos, 'La Primavera' en mi mayor, RV 269 tiene tres movimientos, el primero y el último de ritmo rápido y alegre, mientras que el segundo es más lírico y reposado.

I. Allegro: Con un sonriente tema de tres compases, la orquesta anuncia la llegada de la Primavera. Eco de este tema, es la aparición del solista acompañado por un par de violines que imitan el canto de los pájaros. Después en ondulantes figuras de dobles corcheas, se tiene la descripción del agua que brota libremente de una fuente. Súbita aparición del solista sugiriendo una tormenta, nuevas exposiciones del tema conexo hasta que se llega al fin del movimiento.

II. Largo: En la pradera, a la sombra de un frondoso arbol, un pastor duerme la siesta. Cerca de él su perro ladra. En este tiempo la base rítmica está a cargo de los violines. El ladrido del perro es sugerido por las violas con dos notas repetidas -do, do... sol, sol-.

III. Allegro: En el campo y bajo el cielo azul, pastores y ninfas danzan gozosos por la llegada de la primavera. Musicalmente la escena se desarrolla sobre un compás de 12/8 con figuras rítmicas iguales para todas las cuerdas, a excepción de las prolongadas notas largas de las cuerdas graves.

Sin más, os dejo con esta preciosa composición: 

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